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Una formidable usina de contenidos de altísima calidad, con profesionales de primer nivel.

  

Pensé que mi italiano me estaba traicionando. “Jeff Bezos si compra il Washington Post”, decía el titular en la tapa del Corriere della Sera. Pasé a la primera plana de la nacion. Allí estaba otra vez. En español incontestable. Jeff Bezos, fundador de la megatienda online Amazon, se había comprado el Washington Post. La pregunta era ¿por qué?

 

Es un misterio, en principio. Pero algo es seguro: Bezos no lo hizo porque sí.

 

Hipótesis del legado. Dentro de 100 años nadie sabrá quién fue Jeff Bezos (muchos no lo saben hoy, fuera de Estados Unidos). Así que Bezos compra el Post porque sabe o cree saber cuál es el rumbo que la prensa escrita debe tomar en el mundo digital interconectado. De ninguna manera es un salvamento. Está, como me dijo un amigo aquí en el diario, adquiriendo el desafío de redefinir los diarios. No es filantropía. Tiene un plan (y es uno de los más indicados para tenerlo, como se verá enseguida) acerca de cómo adecuar los diarios a los nuevos tiempos. Bezos quiere ser a la prensa escrita lo que Steve Jobs fue a la música grabada.

 

Esa es su aspiración, en mi opinión. Bezos puede estar equivocado, puede que no. Si acierta, su figura cobrará una dimensión histórica de la que hoy carece. Y que por algún motivo anhela.

 

El bazar y el periódico. La versión Kindle del Post ya existe; el New York Times y el Wall Street Journal han hecho avances notables con las suscripciones online. Pero para Bezos, estoy seguro, todo eso es
pasado, y el pasado no es de ninguna manera el camino. Lo que (quizá) tiene en mente es deconstruir el producto diario y reconstruirlo como una experiencia personalizada, multiplataforma (Kindle, Web,
smartphones, tablets), una experiencia que se formula automáticamente a partir del conocimiento que el medio tiene del lector, que evoluciona con él, que lo comprende en cada etapa de su vida y en cada hora del día, en cada lugar donde está, que es capaz de interpretar hasta sus estados de ánimo (sí,
ya existe tecnología para eso), que conoce tus contactos, tus amigos y tu agenda. Un producto que el público está dispuesto a pagar porque es orgánico, integral e irreproducible por otros medios.

 

El periódico y el bazar. Eso sí, Bezos no es un hombre de diarios; no todavía, al menos. Y la ecuación planteada arriba no es reversible. Por lo tanto, si acaso es cierto que su proyecto es refundar la prensa escrita para el porvenir digital e interconectado, deberá dedicarle un buen tiempo a decodificar
el muy especial clima que se vive en la redacción de un diario. De ese clima depende todo su plan. Esperemos que lo tenga claro, aunque sobre esto me permito dudar.

 

La hipótesis política. Pero Bezos casi con entera certeza no estaba pensando, al comprar el Post, sólo en los laureles que podrían orlar su memoria. Hay al menos dos asuntos más en su mira.

 

El primero es la influencia política que obtiene al comprar un diario como el Washington Post. ¿Por qué le interesa de pronto la influencia política?

 

Porque Amazon no es sólo un prodigio de escala y logística. Además, juega con ventaja, porque sus ventas están exentas de ciertos impuestos. Hay una ley en el Congreso de Estados Unidos que podría
cambiar ese escenario (la Marketplace Fairness Act). Por añadidura, la compañía está siendo observada por posibles prácticas monopólicas. La compra de un diario como el Post es sin duda, en este contexto, un buen negocio.

 

La hipótesis post-social. De ninguna manera lo social va a desaparecer, por el contrario, se arraigará. Pero así como los blogs eran, en 2006, el remedio contra todos los males y hoy son sólo una herramienta más, el frenesí social también se irá aplacando y se convertirá en otra de las muchas
posibilidades que nos ofrece Internet. Entonces algo se hará evidente: la crisis de contenidos.

 

Bezos compra, con el Post, una formidable usina de contenidos. Ha dicho, es más, que no hará cambios en esa plantilla. Sí, cierto, siempre se dice esto, para apartar el fantasma de los despidos masivos que
suelen asociarse a estas compras, pero creo que en este caso Bezos tiene la sincera intención de hacerlo. Es el otro activo por el que ha pagado 250 millones de dólares: profesionales de primer nivel en la creación de contenidos de altísima calidad, un bien que a medida que pasen los meses se irá haciendo cada vez más valioso y del que dependerá buena parte del éxito de una compañía de medios en la Red.