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“Antes era más fácil, pero ahora es mucho más interesante”. Mientras revolvía su café levantando las cejas, el veterano editor de LA NACION me ofrecía su diagnóstico dando cuenta de los cambios que se respiran en nuestra Redacción. Si antes alcanzaba con escribir un diario, imprimirlo y llevarlo hasta el kiosco, hoy el desafío para un medio como LA NACION se ha vuelto efectivamente más complejo, pero al mismo tiempo muchísimo más interesante.

 

El entorno competitivo, la fragmentación de las audiencias, la omnipresencia de los celulares, y las tensiones propias del ejercicio de la profesión en este momento de la Argentina, nos impulsan a buscar el crecimiento desde nuestra principal fortaleza: nuestro periodismo serio y cercano, profundo y fresco, afilado y útil. El desafío se completa con la necesaria evolución de nuestros productos editoriales hacia nuevas plataformas, para ofrecer ese periodismo de calidad allí dónde y cuándo las audiencias lo prefieran.

 

En los últimos años hemos ido incorporando novedades y lanzamientos para sostener la relevancia de nuestra propuesta editorial, y en estas páginas se presenta el resultado de una nueva ola de proyectos con los que esperamos sorprender y cautivar.

 

Si el futuro nos demanda una buena cuota de experimentación editorial, afortunadamente hoy algunos sólidos pilares sostienen el valor que las audiencias encuentra en nuestros productos: las investigaciones de Hugo Alconada Mon, las columnas de opinión de Joaquín Morales Solá, Carlos
Pagni y Jorge Fernández Díaz (entre tantos otros), o las aplicaciones de noticias en lanacion.com creadas por nuestro equipo de Data Journalism, una premiada inciativa que se encuentra a la vanguardia mundial y que cifra buena parte de lo que la industria periodística espera para su futuro.

 

Sin embargo, en el desarrollo de los nuevos proyectos, y en gran parte de nuestra actual propuesta editorial, trabajamos con dos herramientas tan antiguas como la humanidad: la conversación, y las historias.

 

El arte de la conversación, por simple que parezca, puede convertirse en un tremendo resorte de transformación. Lo experimentamos a diario en la Redacción de LA NACION: sabemos que la calidad de nuestros productos es directamente proporcional a la calidad de nuestras conversaciones.

 

Por otra parte, nuestra propuesta digital se adecúa a un entorno en el que la conversación y la participación son cada vez más valorados. De allí que el primer capítulo de nuestra nueva propuesta audiovisual gire entorno a este concepto, y ofrezca a la audiencia las conversaciones entre nuestras
principales firmas y los protagonistas de la realidad.

 

La otra antigua herramienta son las historias, desde el principio del hombre, posiblemente el más eficaz vehículo de creación y circulación de cultura. Como solía decir Tomás Eloy Martínez, las historias permiten que el lector identifique un destino ajeno con el propio, porque la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos, la suerte de todos los hombres. En la sección A fondo, del cuerpo principal, en los últimos meses contamos, entre otras, la historia de Mayra Mendoza (la única mujer en la jefatura de La
Cámpora), la de los longevos habitantes de la isla griega de Icaria (donde la gente se olvida de morir) y la nueva gestión en la Secretaría de Comercio de Augusto Costa, entre otras. Historias felices o dramáticas, emocionantes o inspiradoras, incómodo espejo de nuestra realidad cercana o luminosa ventana para asomarnos al mundo, todas ellas parte de ese mosaico que llamamos realidad.

 

En tiempos de transformación de la sociedad y la industria de los medios, hay una pregunta que vuelve una y otra vez a desafiarnos: ¿para qué sirve un medio? ¿Cuál es su función?

 

Un medio -su periodismo en el papel, en la pantalla de la computadora o del celular sirve para escrutar al poder y representar a los ciudadanos en su demanda de transparencia y eficiencia en la administración. Sirve también como insumo intelectual para sus lectores, al aportar opiniones e interpretaciones desde las cuales cada uno termina de construir su visión de la realidad. Un medio sirve además para contar historias que nos emocionan, nos indignan, nos inspiran o nos ayudan a ser, de algún modo, más humanos. Y un medio sirve para que la voz de los grandes protagonistas de nuestro
tiempo llegue, en el papel o la pantalla, clara y precisa a la ciudadanía. Porque un medio sirve hoy, en definitiva, cuando sirve a sus audiencias.

 

Si como dijo el filósofo inglés Francis Bacon, en el siglo XVII, el tiempo es el gran innovador, con las novedades que presentamos la nacion da otro paso en su camino para ser no sólo un diario de 145 años, sino además un medio con mucho futuro